Comunicación, continuidad y propósito

Sobre la ley de Hick-Hyman y la búsqueda permanente de la coherencia

Los expertos en experiencia de usuario (UX) aplicada a e-commerce y diseños de sitios web han popularizado una ley que, desde la década de los cincuenta, ha promovido la simplificación y el orden de la información. Se trata de la ley de Hick-Hyman, creada por los psicólogos estadounidenses William Edmund Hick y Ray Hyman, y que en esencia plantea que el tiempo que debemos invertir para tomar una decisión se irá incrementando con el número y la complejidad de las opciones disponibles.

En otras palabras: mientras más opciones desordenadas tenemos, más nos demoramos en decidir. Hasta aquí, parece que no hablamos de otra cosa sino de la frase “menos es más”. Sin embargo, ¿qué tiene que ver esto con la comunicación, la continuidad de los mensajes y el propósito superior? En una palabra: coherencia.

Y es que estamos en un entorno sobresaturado de información, con marcas que emiten mensajes cada segundo, independientemente de la estrategia que estén utilizando. Por eso, ser coherentes con lo que somos es quizás el camino más seguro para garantizar la notoriedad de la marca.

Ahora, lo único fácil de la coherencia es su pronunciación. Todos en los equipos de publicidad, de mercadeo, en las agencias, y en general los responsables de comunicación de marca saben que las exigencias de los mercados y la necesidad de incrementar el posicionamiento obligan a la creación continua de estrategias diferentes y masivas, buscando ganar por lo menos un poco de la atención de las personas.

Es aquí donde entra en juego la ley de Hick-Hyman, simplificando y ordenando las posibilidades que les damos a los usuarios en el momento en que se relacionan con nuestra marca. Y como hemos hablado en otras ocasiones acerca del poder de las historias y el propósito superior, una estrategia transversal para permitir que los usuarios entiendan lo que somos y vendemos será, sin duda, el uso de historias que respondan al propósito que tenemos como marca.

Contar una buena historia nos acerca a las personas, y hacerlo sobre una idea relacionada con el propósito superior que tenemos como organización será un flechazo al corazón. ¡Y excúsennos!, no queremos sonar románticos. Lo que pasa es que a veces, en un contexto infoxicado, lo único que necesitan las marcas para demostrar que son buenas es darles continuidad a las razones que les permiten existir.

En Duende, por ejemplo, tenemos un propósito superior que es “contar historias para hacer posible una mejor Historia”. ¡Y quién lo creyera! No solo comunicacionalmente, también como negocio esto se convierte en un norte para decidir en concordancia con lo que somos y lo que creemos: en las historias bien contadas y el marketing de contenidos para acercar marcas.

Así que no siempre debemos reinventar la rueda y crear nuevas estrategias de comunicación. Es preferible volver a nuestra esencia, revisar el propósito y repetir hasta el cansancio lo que somos como marca. Así, quizás, llegaremos a la tan anhelada coherencia.

“Repetir, repetir y repetir, porque cuando uno está cansado de repetir, la gente apenas está comenzando a entender”.