Comunicar para mejorar la vida de las personas, de verdad

Los duendes aprendiendo en Barcelona. Día 1.

Estamos caminando por La Rambla, una de las principales arterias de la ciudad, donde propios y extraños van al ritmo de un viento propio de un puerto.

Mientras la recorremos, no dejamos de fascinarnos con lo cotidiano de un graffiti en la pared, un balcón de mil colores y texturas, o un mosaico en el piso. Y aunque algunos de estos elementos se encuentren en todas las ciudades del mundo, estas cuentan con un factor especial: nuestra atención.

Para quienes viven en Barcelona, estos son objetos que forman parte del paisaje. Para nosotros, son pequeñas historias de las que nos sentimos cómplices porque apenas las estamos leyendo, escuchando, observando y sintiendo.

Pero perdón si parece que en este artículo solo hablamos de nosotros. Es que es la excusa perfecta para también volver a las bases de la comunicación. Esas que como a los catalanes se han vuelto parte del paisaje.

  • Base número uno: las marcas deben relacionarse con las personas, siendo relevantes y aportando valor. “¡Obvio, claro! Eso se sabe” – podrán pensar. Y es que es algo tan repetido, como olvidado. Lo cierto es que hoy las marcas sufren de un ego que las consume: hablar de ellas, contar lo buenas que son, y en algunos casos, hasta limitarse a comunicar lo que al jefe le gusta.

¿Y los públicos con sus necesidades? Bien, gracias.

  • Base número dos: hoy vivimos más de relatos, que de realidades. Y eso es lo lindo de la comunicación, que tiene la posibilidad de crear mundos mágicos que surgen de la realidad. Como diría Dan, Director de Complot y nuestro profesor de hoy: “debe conservarse un balance para que la comunicación pueda ser espejo de la sociedad, y al mismo tiempo, ir un poco más allá”.
  • Base número tres: las marcas deben ser empáticas con las personas. Esta fue, ha sido y será, la fórmula para ser relevantes. Hoy no basta solo con escuchar a las personas, debemos observarlas a profundidad y vivir como ellas, para poder entender lo que necesitan, de modo que lleguemos a ese momento de máxima relevancia y ahí sí, poder venderles.

Hoy, aunque conversamos acerca de lo fundamental, terminamos con más preguntas que respuestas, entendiendo que, quizás, lo único que necesitamos es tiempo para conectar a las marcas con las personas, y para eso, necesitamos de más comunicación lenta.