De “mijitos” y “pelaos”: Rigo, el contador de historias

“Yo que voy a saber de eso, güevón”, responde habitualmente Rigoberto Urán cuando lo entrevistan y no tiene la menor idea de lo que le preguntan. Ese lenguaje parceriado, coloquial y esa personalidad desprolija y “embaucadora” —tan común de la cultura paisa— han hecho de este personaje todo un narrador. 

Rigo, como se hace llamar, nació en 1987 en las lindes del páramo del Sol en el municipio de Urrao, Antioquia. Un man que se ha construido a pulso y las mismas circunstancias lo han empujado hacia lo que es hoy: un ciclista de renombre, amado por el público y que no se cansa de usar su humor para despertar más atracción.

A sus catorce años, sufrió una pérdida compleja ya que su padre fue asesinado por paramilitares. Este hecho lo alejó un poco de su meta deportiva, pero no lo frenó. Ante las circunstancias, empezó a vender chance para ayudarle a su mamá con los gastos, aunque fue una gran batalla, pues él mismo afirmaba que “es bastante duro, pues uno prácticamente del chance no puede vivir”. 

Este “pelao” tuvo su primera posibilidad de debutar en las grandes ligas del ciclismo, con tan solo 19 años viajó a Europa con un pequeño equipo llamado el Team Tenax. El New York Times resume este triunfo con precisión: “se produjo una suerte de reparación: primero el padre le regaló el ciclismo y luego la vida le quitó al padre; pero, en Italia, el ciclismo y la vida le regalarían unos padres adicionales”. 

Fue ese punto de quiebre el que marcó su escalada en el ciclismo. En 2007, por ejemplo, se dio a conocer con una victoria en la primera etapa de la Euskal Bizikleta, una competencia realizada en territorio español. Incluso, ese mismo año ganó una etapa en la Vuelta a Suiza.

Estas pruebas solo calentaron sus pedales para que en 2009 debutara en el Tour de Francia, donde quedó en el puesto 52. Sin embargo, su año más representativo fue el 2017, donde ocupó el segundo lugar en la misma competencia, estando muy cerca de convertirse en el primer latinoamericano en ganarla. 

Sin pelos en la lengua

Las entrevistas a Rigo son una eterna carcajada. Quienes las ven, esperan siempre la nueva frase con la que saldrá. No teme utilizar groserías y frases de la cultura popular, aunque siempre dentro de los límites del respeto. 

Rigo se ríe de sí mismo, de sus desaciertos, no duda en decir que tuvo un mal desempeño o que se sintió frustrado. Frases como “Rigo se lució, pero no hizo un culo” o “estoy bien pa’ no asustarlos” representan su manera tan particular de tomar la derrota. Además, tiene una sagacidad para responder a preguntas un poco salidas de contexto, como cuando un periodista le consultó si el Tour comenzaba después de la contrarreloj, a lo que Rigo refuta: “No, el Tour comenzó hace diez días, güevón”. 

Ese talento y repentismo de Rigo han hecho de él un personaje entrañable. “Madrugue pa’ que gane plata, hermano” o “pienso ahorita en ir a almorzar, le estoy dando vueltas a eso” hacen parte de un amplio repertorio de citas que son casi un patrimonio colombiano. 

De la misma manera, esa autenticidad la ha trasladado el ciclista a sus redes sociales. Sus tuits, sus videos en Instagram o sus comentarios sin filtros hacen que las personas lo admiren, puesto que se muestra como alguien real, sin necesidad de ponerse una máscara. ¿Y lo mejor? Es un hombre audaz, tanto así que creó su propia marca llamada Go Rigo Go en la que vende implementos deportivos, café y otra variedad de cosas. ¡Él sabía que en sí mismo podía ser un producto!

Más paisa que la arepa

Desde “mijitos”, “pelaos”, “güevón”, “parcero”, “cucho” hasta hablar de berraquera, chicharrón y pujanza, todas esas expresiones hacen parte de una identidad. Lo más atractivo del caso es que Rigo las marca con un acento montañero, un seseo “arrastrao” y una entonación empalagosa. Él es un fiel representante de sus raíces. Incluso esto se ve reflejado cuando habla un inglés urraeño donde con esfuerzo, pero sin dudar, logra responder las preguntas de sus entrevistadores. 

En definitiva, Rigoberto Urán es un storyteller. Culebrero o no, ahí tendríamos otro artículo, pero habla a las personas, en el lenguaje de las personas y, tal vez, sobre lo que ellas quieren escuchar y eso es toda una virtud.