Hablar para iluminar

A propósito del Día Internacional del Orgullo LGTBIQ+

“El silencio no es un entorno natural para las historias. Ellas necesitan palabras. Sin ellas, palidecen, se enferman y mueren. Y luego te persiguen”.
Diane Setterfield

Silenciar es ocultar, censurar y desconocer. Habrá muchos aficionados del arte del silencio como espacio de creación y sinónimo de prudencia; sin embargo, aquí vamos a hablar del silencio que invisibiliza y margina.

“Raros”, “anormales”, “enfermos”, “dañados”, “quebrados” son algunos de los adjetivos utilizados para etiquetar a quienes viven su sexualidad con absoluta libertad y, por ello, muchas veces, fuera de lo establecido. En ese ejercicio despectivo e insultante, hay un filtro que revela la doble moral de quienes son incapaces de reconocerse y reconocer al otro.

Si vamos a hablar de historia, muchas plumas saldrían manchadas. Desde el clásico bíblico de Sodoma y Gomorra, pasando por la patologización de la homosexualidad a manos de la ciencia, hasta la criminalización de las sexualidades alternativas en diferentes decretos políticos. Todos ellos han intentado silenciar al otro quien, entre susurros, se ganaba su voz.

No fue sino hasta la década de los sesenta que, en el mundo occidental, teniendo como ejemplo a Estados Unidos, miles de gritos y consignas no exigían más que un trato igualitario, afincándose en la diferencia: un grupo se abría paso para convertirse en comunidad. Allí, enmirellados, encopetados, engalanados, entronizados (un “en” que representaba la pertenencia a un espacio) salían todos, todas y todes a combatir el silencio y el binarismo: ¡y qué mejor elección que el arcoíris para demostrar que la naturaleza se vestía de diversidad, que no era blanca y negra como muchos la limitaban!

En Duende contamos historias para hacer posible una mejor Historia y es precisamente esta premisa la que nos lleva a celebrar, reflexionar y aprender de quienes con ORGULLO decidieron no replicar la cadena del silencio que juzga e invisibiliza, para contar sus propios relatos.

Nos unimos a la celebración del mes del Orgullo LGBTIQ+ desde el lugar de quien tiene mucho que aprender y por eso reconoce ¡que la magia está en la diferencia!

Queremos hablar, entonces, de lo que nos humaniza y de lo que más debería unirnos: ser diversos. Queremos conversar porque no hacerlo es contribuir al ocultamiento que tanto daño nos ha hecho.

La diversidad: nuestro denominador común

Todas las ideas diferentes han sido el estandarte de la transformación pero, a su vez, han representado una amenaza para aquellos que defienden la homogeneidad. Algunos ejemplos históricos como las teorías heliocéntricas, los derechos humanos, el feminismo, la abolición de la esclavitud, la reivindicación de las diferencias sexuales, y muchos otros eventos han cuestionado a quienes pretendían pasar por “normal” su prejuicio.

Si revivimos la frase de Rosa Parks que decía: “Solo quiero que se me recuerde como una persona que quería ser libre”, entenderemos que eso es lo único que reclama la diferencia: la libertad de poder ser y expresar.

¿Qué sería de nosotros si de verdad hubiéramos sido “cortados con la misma tijera”? ¿Acaso tendríamos arte? ¿Ciencia? ¿Habría conversaciones valientes y necesarias? ¿El café o la pola con amigos tendría algún sentido, si no hubiera tensión alguna? ¡No! Por eso, creemos que  todo aquello que nos separa, termina uniéndonos sin límites.

Nos preguntamos entonces, ¿por qué la diversidad sexual tiene que convertirse en la caja de Pandora de la cotidianidad? ¿Por qué cuesta tanto reconocer la multiplicidad de perspectivas y respetarlas, desde la acción y el lenguaje? Nuestra invitación es una: abrazar todos los performances de la vida, que nos enriquecen y nos inspiran.

Recordamos hoy a Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson, Josephine Baker, Michael Dillon, Bayard Rustin, Nancy Cárdenas, Simon Nkoli, Ifti Nasim, Harvey Milk, quienes gritaron, incomodaron y abonaron el camino de la diversidad. Recordamos a aquellos que fueron violentados por mantenerse fieles a lo que eran; celebramos juntos un día que nos recuerda que ni el silencio ni la censura son la solución: ¡hablemos, cantemos, bailemos, aprendamos, cuestionemos, y no callemos! Hoy y siempre, desde Duende decimos y celebramos que no somos los unos ni los otros: SOMOS NOSOTROS.

Una reflexión del maestro Eduardo Galeano

“Armados con la bandera del arcoiris, símbolo de la diversidad humana, ellas y ellos están volteando una de las más siniestras herencias del pasado. Los muros de la intolerancia empiezan a caer”. “El peligroso arcoiris”, publicado en el periódico Página/12.

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