La magia está en reconocer el propósito

Encontrar sentido en lo que hacemos, definir un horizonte y convertirlo en una hazaña colectiva son victorias que se logran al tener un propósito superior como empresa. Así lo descubrimos en Duende y así cambió nuestra forma de hacer magia.

Hablar del qué, el cómo y el porqué es una discusión que no pierde vigencia. Esta triada de preguntas motiva el análisis y la reflexión sobre el rumbo de cualquier empresa y, aunque cada uno de estos cuestionamientos es fundamental, reconocer de manera consciente por qué hacemos lo que hacemos define la intención de nuestro trabajo y la causa a la que pretendemos se adhiera cada miembro del equipo. Ese porqué es la ruta común y se llama propósito superior.

En Duende empezamos a hablar de él cuando nos acercamos a Capitalismo consciente, un libro de John Mackey y Raj Sisodia. Más que la apología de un sistema económico que mueve el mundo, los autores proponen una nueva forma de imaginarlo y aplicarlo en los negocios, a partir de cuatro principios básicos:

  • El propósito
  • La integración de todos los implicados
  • El liderazgo
  • La cultura y la gestión

¿Qué es un propósito superior?

Según Mackey y Sisodia, se trata de una “declaración definitoria de lo que quieres cambiar en el mundo”. En el caso de las empresas, ambos aseguran que esta debe responder a preguntas como: “¿por qué existimos?”, “¿por qué es necesario que existamos?”, “¿nos echarían de menos si desapareciéramos?”, y “¿por qué el mundo es mejor con nuestra presencia?”.

El propósito superior va más allá del objetivo particular de una organización y de los beneficios económicos que pueda obtener. Por eso, debe comprender o aludir a “una verdad humana universal”, a una transformación que genere valor para todos los implicados: directivos, colaboradores, proveedores, clientes, comunidad y hasta medioambiente.

Encontrar nuestro propósito

Leer Capitalismo consciente nos cuestionó. En 2020, Duende seguía creciendo, la magia se multiplicaba y, con ella, las oportunidades. Tal vez lo que hacíamos ya materializaba nuestra razón de ser, pero debíamos ponerla en palabras, convertirla en premisa y ubicarla en el centro de todas las decisiones. Una vez más, la conversación dio lugar a un instante memorable: la construcción de nuestro propósito superior.

Contamos historias para hacer posible una mejor Historia

En ese momento entendimos hacia dónde íbamos. Como laboratorio de contenidos, queríamos –y queremos– ayudar a nuestros aliados a contar sus historias para construir esa Historia con H mayúscula que transforma e impacta positivamente las realidades que nos acogen.

Identificamos el cambio que queríamos impulsar y, desde entonces, este propósito guía nuestras discusiones, nos permite apostar por lo que creemos y renunciar a lo que no conjuga con lo que somos. Saber por qué existimos le dio sentido a nuestros valores esenciales: el respeto, la libertad, la honestidad, el amor, la flexibilidad y la empatía.

El siguiente paso y nuestro más grande reto es hacer de este propósito la base de nuestra cultura y la motivación que nos permita seguir llenando las páginas de esa Historia que hoy nos inspira.