¿Por qué un laboratorio y no una agencia?

La experimentación, el aprendizaje y la flexibilidad nos invitan a jugar con lo que sabemos, a explorar lo que no conocemos, y a concebir nuestro equipo como un laboratorio de contenidos.

Laboratorio

RAE

  1. m. Lugar dotado de los medios necesarios para realizar investigaciones, experimentos y trabajos de carácter científico o técnico.
  2. m. Realidad en la cual se experimenta o se elabora algo.

Los clientes nos dicen ‘la agencia’; es probable que en la casa de más de uno también nos llamen así; y mentiríamos si dijéramos que nunca hemos utilizado esta palabra para explicar qué es Duende y a qué nos dedicamos. Lo cierto es que, aunque pensamos que el concepto de agencia es bello, sostenible y tiene varios elementos que nos seducen, decidimos apostarle a uno que nos gusta y nos reta más: laboratorio.

Definirnos de esta manera es entender que el pensamiento y la creatividad que son, finalmente, el combustible de este equipo, se mantienen en un movimiento infinito. Esto nos invita a activar los sentidos, la intuición y, sobre todo, a estar abiertos a explorar nuevas posibilidades, no solo en contenidos; también en nuestra propia estructura como empresa. ‘Laboratorizar’ nuestro trabajo nos permite vivir haciéndonos preguntas, incomodándonos y adaptándonos al cambio.

¿Qué es un laboratorio para Duende?

Un día nos sentamos a conversar –¡ese ejercicio que tanto nos gusta!– y entre opiniones de todo tipo, llegamos a lo que hoy nos define como laboratorio:

  • El primer experimento somos nosotros: disfrutamos la transformación de nuestra estructura, de la forma en que concebimos nuestro trabajo, de los procesos y de las personas. El mercado al que pertenecemos no se queda quieto y nosotros nos movemos con él.
  • Somos un equipo con el que es bueno trabajar: flexible, amoroso y respetuoso.
  • Nos gusta ser más que el proveedor. Construimos, con cada aliado, un nosotros que le da complicidad, articulación y confianza a la magia.
  • La investigación es innegociable. Si vamos a crear, que el conocimiento sea el ingrediente principal.
  • Sabemos que el éxito de un proyecto va mucho más allá de lo económico, por eso le damos un valor justo a lo que hacemos y nos esforzamos por construir procesos significativos que entreguen alegría y satisfacción a todos los involucrados en ellos.
  • El temor que nos produce el cambio lo usamos como aliciente para lanzarnos a él: cuando algo no funciona o podría funcionar mejor, intentamos de nuevo. No nos ceñimos a lo ya establecido.
  • Equivocarnos no es motivo de miedo: sabemos que experimentar también implica la prueba, el error y, ante todo, el aprendizaje.

Estas 7 ideas están lejos de convertirse en verdades; son un camino que transitamos todos los días y un recordatorio que nos desafía a ser el espacio ideal para un equipo talentoso y para unas historias dignas de quienes nos piden contarlas.

4 pasos para ‘laboratorizar’ la magia

Si nos preguntan cómo funciona un laboratorio, no tenemos la respuesta infalible, pero sí la que en este momento nos acompaña y se resume en 4 verbos:

  • Escuchar: es el origen de todo, la entrada al universo que representa cada cliente/aliado y la forma de identificar sus necesidades particulares.
  • Investigar: aquí, el conocimiento y la experiencia hacen su entrada triunfal. Son el insumo para hacernos preguntas, para rumiar y darle gusto a la curiosidad.
  • Experimentar: es el momento de quitar y poner, de intentar, de pensar en el concepto, la intención y el formato…¡De buscar alternativas y rutas posibles!
  • Desarrollar ideas: este último eslabón no es otra cosa que la materialización de la magia y la celebración de un trabajo en equipo. Aquí, ¡contamos la historia!

Nombrarnos es reconocernos, y hacerlo como laboratorio nos permite sumergirnos en la inquietud, la búsqueda, la transformación y el aprendizaje. Nos permite contar historias: la nuestra, la de los demás y, en suma, la Historia que atraviesa nuestro propósito.